Nuestra historia

Más de sesenta años
frente al mar

Una casa familiar en la Playa de la Arena, fiel a un oficio que se transmite de generación en generación.

En 1963, en una playa entonces casi desierta del sur de Tenerife, abrió un pequeño restaurante de pescadores. Hoy esa playa se llama Playa de la Arena, aquel local es Restaurante Pancho, y al frente sigue la misma familia. Cambian los huéspedes; permanece el oficio.

El cartel original — 1963
1963

El cartel original

La familia, alrededor de una mesa de trabajo en la entrada del local. Detrás, el primer cartel pintado a mano: «Restaurante Pancho 1963». Una imagen que resume tres generaciones que se transmiten un mismo oficio.

Detrás de la barra — Años 60
Años 60

Detrás de la barra

Pancho con los suyos al frente del bar. Camareros con corbata, cocineros con gorro almidonado, botellas alineadas en estantes de madera. La fotografía guarda lo esencial: hospitalidad y disciplina, dos cosas que no han cambiado.

La Playa de la Arena, entonces — Años 60
Años 60

La Playa de la Arena, entonces

La costa sur de Tenerife era aún paisaje volcánico abierto. Apenas un edificio recortado contra el mar. El restaurante creció a la vez que el pueblo —Puerto Santiago, Los Gigantes—, sirviendo a pescadores, a los primeros viajeros, a los vecinos de toda la vida.

La primera terraza — 1974
1974

La primera terraza

Manteles a cuadros, sillas plegables de madera, palmeras jóvenes y vista directa al Atlántico. La filosofía que sigue intacta hoy: comer mirando el mar, sin prisa, con lo que el día ha traído.

Años 70

El pueblo crece

La playa empieza a llenarse de sombrillas, los primeros apartamentos abren ventanas al mar. Pancho deja de ser refugio de pescadores y se convierte también en el lugar al que vuelven los viajeros, año tras año, buscando la misma mesa.

El cherne, símbolo del Atlántico — Hoy
Hoy

El cherne, símbolo del Atlántico

A la entrada, una escultura iluminada del cherne canario sobre las letras de PANCHO. Un homenaje al pescado que vertebra nuestra cocina y a más de seis décadas frente al mar. Lo viejo y lo nuevo, sentados a la misma mesa.

El sitio no ha cambiado. Tampoco la cocina. Solo el oficio, que se afina con los años.

Ven a conocernos
Reservar mesa